Es completamente normal que, ante la citación del Equipo de Valoración de Incapacidades (EVI) —popularmente conocido como Tribunal Médico—, te sientas nervioso. Te juegas mucho y sientes que cada movimiento será analizado bajo lupa.
Como abogados expertos en derecho laboral, te damos consejo inicial: no es un interrogatorio policial, pero tampoco es una charla informal entre amigos. Es un acto médico-administrativo con trascendencia jurídica. Para que vayas con la máxima tranquilidad, hemos preparado esta guía detallada sobre cómo comportarte y qué responder.
1. El examen empieza antes de entrar: La actitud y el lenguaje no verbal
Muchos clientes me preguntan: ¿Cómo debo ir vestido? ¿Qué hago si se me cae algo? La clave es la coherencia.
- La vestimenta y aspecto personal: No hace falta ir de gala, pero tampoco descuidado. Lo más importante es que tu ropa sea coherente con tu dolencia. Si alegas una lesión de espalda grave, no es lógico aparecer con zapatos de tacón o ropa muy ajustada que dificulte el movimiento. Usa ropa cómoda y fácil de quitar y poner, ya que es muy probable que te pidan una exploración física. O si por ejemplo, si tus padecimientos provocan limitaciones en las extremidades superiores (manos, muñecas, codos u hombros) y te cuesta realizar movimientos finos o de fuerza, no es coherente que aparezcas en el tribunal con un maquillaje perfecto y complejo o un peinado espectacular que claramente requiere tiempo, destreza y esfuerzo con los brazos. Esos detalles, aunque parezcan banales, envían un mensaje directo al evaluador sobre tus capacidades reales en el día a día.
- Desde el "Buenos días": Cuando el evaluador te pregunte "¿Qué tal está?" o "¿Cómo se encuentra hoy?", nunca respondas "Bien" por educación. Si dices que estás bien, el médico puede anotarlo textualmente: "El paciente manifiesta encontrarse bien". Responde con la realidad de tu día a día: "Con los dolores habituales", "He pasado una mala noche" o "Me cuesta mucho haber llegado hasta aquí".
Gestos y movimientos: No sobreactúes, pero tampoco ocultes tu dolor. Si te piden que te tumbes en la camilla, hazlo con la naturalidad de alguien que tiene una limitación. Si se te cae un bolígrafo o un papel, no te lances a recogerlo de forma automática si tu lesión es de espalda o movilidad; permite que te ayuden o hazlo manteniendo la higiene postural que tu dolencia dicta.
- Acompañantes: Si te preguntan con quién has venido, sé sincero. Si tu patología te impide conducir o moverte con seguridad, lo normal es que te acompañe un familiar. Esto refuerza tu situación de dependencia para ciertas actividades.
2. Bloques de preguntas clave y cómo afrontarlas
El evaluador buscará contradicciones entre lo que dicen tus informes y lo que tú cuentas. Aquí tienes los bloques más comunes:
A. Tu rutina diaria y autonomía
¿Qué hace en un día normal? / ¿Puede cocinar o comprar?
Cuidado: Si dices que haces la compra o limpias sin matizar, entenderán que tienes capacidad de carga y resistencia. Respuesta ideal: Sé específico con las limitaciones. "Puedo cocinar algo rápido, pero tengo que sentarme cada 5 minutos porque no aguanto de pie", o "Voy a la compra, pero solo traigo una bolsa pequeña porque no puedo cargar peso".
B. Tu vida laboral y la adaptación
¿Por qué dejó de trabajar? / ¿Podría su empresa adaptar el puesto?
Cuidado: No es tu labor decidir si la empresa puede adaptarlo. Respuesta ideal: "Mi empresa no sé si puede adaptarlo, lo que sí sé es que mis secuelas me impiden realizar las funciones fundamentales de mi puesto con la dignidad y eficacia mínimas exigibles". Céntrate en tus limitaciones, no en la logística de la empresa.
C. Evolución y tratamientos
¿Ha mejorado con el tratamiento? / ¿Qué le dicen sus médicos?
Cuidado: El optimismo excesivo puede ser contraproducente. Respuesta ideal: Si hay mejoría, que sea matizada. "La medicación me ayuda a sobrellevar el dolor, pero no ha eliminado la limitación para caminar/sentarme/concentrarme". Si te preguntan por el futuro: "Sigo las pautas médicas, pero a día de hoy mi situación es la que ve en los informes".
3. Las "Preguntas Trampa" y la Exploración Física
No existen preguntas trampa como tal, sino preguntas de control para detectar la simulación.
- ¿Se siente con ánimos de trabajar en el futuro? Si dices "sí" de forma rotunda, pueden denegar la incapacidad por "mejoría esperada". Lo ideal es: "Mi deseo sería trabajar, pero mis patologías actuales me lo impiden totalmente".
- La exploración física: Si te piden realizar un movimiento que te causa dolor, para en cuanto el dolor aparezca. No intentes ser un "héroe" y llegar más lejos de lo que puedes, porque el evaluador anotará que tienes ese rango de movilidad disponible.
4. Los momentos de "guardia baja": El examen no verbal
El evaluador no solo te examina cuando te hace preguntas; te observa desde que entras por la puerta hasta que sales del edificio.
- Subir y bajar de la camilla: Este es un punto crítico. Si alegas una lesión de cadera, espalda o rodilla, no puedes saltar de la camilla con agilidad en cuanto el médico dice "hemos terminado". Tómate tu tiempo, apóyate y hazlo con la precaución que tu dolor te dicta. El médico estará anotando si lo haces con fluidez o con dificultad real.
- La "prueba del objeto caído": Es un clásico de las evaluaciones. Ya sea de forma accidental o provocada, si al examinador (o a ti) se le cae un bolígrafo o un papel al suelo, ten mucho cuidado. Si sufres de una hernia discal o limitaciones lumbares, tu instinto de cortesía puede traicionarte y hacer que te inclines rápidamente a recogerlo. No lo hagas. Si tu patología te impide agacharte, deja que el evaluador lo recoja o hazlo con los apoyos y la lentitud que requiera tu lesión.
- Quitarse y ponerse la ropa/calzado: Si te piden que te desvistas para la exploración, la velocidad y destreza con la que te desabrochas los botones o te quitas los zapatos dice mucho de la movilidad de tus manos y espalda. Si necesitas ayuda de tu acompañante, pídela. Es preferible mostrar la limitación real que intentar "disimular" por vergüenza.
5. Un último momento: La salida
El examen no acaba en el despacho. A veces, los evaluadores pueden observar desde la ventana cómo caminas hacia el coche o si, al salir del centro médico, cambias radicalmente tu postura o ritmo. Mantén la coherencia hasta que estés fuera del recinto.
Recuerda: No se trata de engañar, sino de no ocultar tu realidad por inercia social o educación.
Consejos Finales para el éxito
Orden ante todo: Lleva tus informes médicos originales (y copias) organizados cronológicamente. Que el médico no pierda tiempo buscando un papel; dáselo tú con rapidez.
Honestidad sin miedo: No exageres, pero no omitas nada. Las enfermedades invisibles (fibromialgia, depresión, fatiga crónica) son difíciles de medir; por ello, tu relato debe ser muy detallado sobre cómo te afectan en lo más íntimo.
La ansiedad es normal: Si te bloqueas, respira. Es humano estar nervioso en una situación así.
Nota importante: Si tras el dictamen del EVI recibes una resolución denegatoria, recuerda que tenemos un plazo muy breve para presentar una Reclamación Previa. No des nada por perdido; la vía judicial suele ser mucho más garantista que la administrativa.
Si tienes dudas antes de acudir al Tribunal Médico, contacta con nuestro despacho para una asesoría especializada; porque pequeños detalles pueden marcar la diferencia en el resultado.